Suena el despertador, son las 5 de la mañana. Puffff. Lo que me queda por delante. Automáticamente mi cabeza vuelve a emitir el mismo mantra: Felechosa, Foces del Pino, Peña Redonda, Palmián, Caniecha, Cabritera, Xexé,  Nogales, Pico del Oso, Gumial, Cuevas, Melera, Felechosa………

Hoy es un día especial, un entorno especial y una carrera especial. Para todos aquellos montañeros que llevamos años surcando los cordales de la Cordillera y que nos gusta correr por el monte , es un día de fiesta. Llega una de las carreras más montañeras por excelencia. De una extraordinaria belleza pero muy vinculada con la fábula, con la que tú te quieras imaginar. Un coqueteo con los abismos, un derroche de desniveles y una oda a la montaña en estado puro.

Desde el momento que abandonas la pista del Molín Peón y entras en las Foces del Pino, entras en otra dimensión. La corriente de aire que origina el río Valmartín en esas decenas de metros donde parece que las paredes te van a engullir, es una clara advertencia para que despiertes, abras los ojos y disfrutes. Durísimas rampas para acceder a una de las cumbres más emblemáticas de la zona, Peña Redonda. A los lados, todo verde, Todo. Vegarada, Melera, Palmian…….La primera estocada sangra poco.

Después de llegar a Palmián y bajar su cresta, este año nos regalan una furibunda subida al sector Cabritera, Xexe, Nogales y Pico del Oso. Aquí es donde uno siente que todo este desorbitado desnivel de esta carrera merece la pena. La libertad de las cimas. Hay que levantar la mirada y sentir ese chute de energía. Pocas carreras en Asturias te regalan las sensaciones del Alto Aller, donde el menor despiste se puede convertir en tu peor pesadilla pero eso es lo que nos enchufa. 

Al más puro estilo Sky, sus 34 km y 6800 metros tocan su parte más alta en el Pico Nogales, auténtico mirador de la montaña asturiana y antesala de una técnica bajada que nos adentra en la magia del Gumial. Una braña y un bosque de hayas que sirve para despistar al vértigo. «Los sonidos del agua refrescan el alma» decía mi abuela cuando había mucho calor y bebía del fontán. 

Si alguien tiene fuerzas para correr, este es el momento. Su descenso por el bosque a Cuevas es uno de los tramos de carrera más espectaculares que haya visto nunca. Es simplemente mágico. Al menos la sombra de los árboles te protegen durante unos minutos. Cuando uno conoce lo que queda por delante desde el avituallamiento de Cuevas,se plantea si merece la pena salir del Gumial……….

El tramo final de carrera nos devuelve a la realidad con la subida a Melera y su vertiginosa bajada a meta…..Muchos pagan su osadía , otros hincan la rodilla y otros muchos alcanzan la cima. Pero todos coinciden que el ADN de la carrera es la montaña por excelencia, la libertad de las cimas……

Desde su primera edición ya dejó entrever que no era una carrera para todo el mundo. Ya se diferenciaba del resto con un carácter salvajemente alpino. La evolución estos años con la inclusión de un trail corto pero no exento de dureza no ha hecho más que atraer visitantes al valle para jugar a ser funambulistas por un día. Una dirección de carrera que continuamente investiga, abre nuevos caminos y diversifica la prueba para salir de la monotonía y un meticuloso trabajo desde el ayuntamiento para que la carrera crezca, la sitúa ahora mismo en una de las pruebas más importantes del calendario autonómico. 

Son las 11 de la noche………hora de volver a soñar……

 

Gobitu Bode